La diarrea, tras la fiebre y la tos, es
el motivo más común de visita a las consultas de Pediatría. Su
incidencia, así como la de la gastroenteritis, es muy frecuente con el
inicio del curso escolar y durante los meses de invierno, generalmente
las producidas por virus. “Los rotavirus son los más peligrosos sobre
todo cuanto más pequeño es el niño, por el riesgo de sufrir
deshidratación”, señala Guillermo Alvarez Calatayud, pediatra de la
Sección de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Gregorio
Marañón y presidente de la Sociedad Española de Probióticos y
Prebióticos. De hecho, la gastroenteritis es una de las causas
principales de hospitalización en los niños menores de tres años,
apunta.
Los pilares básicos del tratamiento son
la rehidratación, generalmente por vía oral con soluciones específicas
que además de agua contengan las sales que pierde el organismo, y una
reintroducción de la alimentación lo más precoz posible, basada en una
dieta normal según la edad del niño.
Acortar la duración e intensidad de la diarrea.
En general las diarreas son las
enfermedades donde los probióticos han demostrado mayor eficacia, por lo
que deberían recomendarse en la mayoría de los casos. Se trata de
microorganismos vivos que, utilizados a dosis adecuadas, producen un
beneficio para la salud. Los probióticos acortan la duración y la
intensidad de la diarrea al competir con los virus y las bacterias
perjudiciales y llevar a la normalidad a la flora intestinal. “Suplen la
pérdida de microbios de nuestra flora intestinal que perdemos en una
diarrea, por ejemplo, y que llamamos disbiosis”, apunta este pediatra.
La mitad de las enfermedades donde se emplean los probióticos tienen relación con las afecciones digestivas, como muchos tipos de diarrea o trastornos funcionales como el colon irritable, aunque también se pueden utilizar en enfermedades propias de la mujer, como la vulvovaginitis, o en la prevención de enfermedades infecciosas y alérgicas e incluso en trastornos mentales.
En los últimos años, han aparecido en el mercado numerosos probióticos. Sin embargo, según Guillermo Alvarez, “no todos son iguales y algunos son ineficaces, lo que ha provocado mucho escepticismo tanto en los profesionales sanitarios como en los consumidores”. Según recuerda este pediatra, hay que seguir siempre los consejos del médico y el farmacéutico, que sabrán elegir el probiótico adecuado para cada caso. “En concreto, para la diarrea aguda en la infancia, los que tienen mayor evidencia científica son la levadura Saccharomyces boulardii CNCM I 745 y el Lactobacillus GG”, subraya.
Fuente recogida de Salud y Medicina (30 octubre 2018)